martes, 14 de agosto de 2012

Elecciones

Sigo pensando que la base de todo está en las elecciones. No me refiero a las elecciones políticas, no, aunque de ellas dependa nuestro futuro. Me refiero a elecciones privadas y no obligatorias por ley. Me pregunto qué hace que elijamos lo que elegimos. Porque no siempre elegimos lo mejor para nosotros (singular), o para nosotros (plural) o para otros. A veces elegimos esos caprichos que terminarán destruyendo mucho tiempo de trabajo o de interés o cualquier otro intento de volver a construir. No hablo de las elecciones simples que parecen las más complejas del mundo como: ¿De qué color pinto la pieza o qué cocino esta noche? Hablo de esas elecciones que nos mantienen horas envela. Sabemos qué es lo política, moral y éticamente correcto, qué es lo que nos aconsejaría la gente, que ese tema no debería ser una elección porque el otro punto no le llega ni a la mitad de los talones a la otra parte. No se puede comparar una pizza comprada en el súper con la pizza amasada de mamá. Es decir, ¿qué hace que esa pizza congelada me haga dudar de la pizza de mamá? No es lo prohibido, no, porque no está prohibida… Tampoco es que a la pizza de mamá le falte algo que la otra tiene. ¿Entonces qué hace que dudemos y que pensemos que tenemos que elegir? Porque puedo comer la pizza de mamá y después, al llegar a casa, recalentar la pizza congelada. Pero estaría eligiendo igual… Siempre hay una elección. En un todo, en una parte o en la nada. ¿Cuándo somos nosotros los que elegimos? ¿Cuándo es el otro quien elige por nosotros? Pongamos el caso de tener cerca a una persona manipuladora. Esa persona va a hacernos creer que estamos haciendo lo que nosotros elegimos hacer aunque en realidad no elegimos más que lo que el otro eligió con anterioridad y nos obligó a hacer, es decir que no hubo poder de elección porque fue obligación. ¿Cuánto manipulamos nosotros a otra persona?

martes, 27 de marzo de 2012

Pornostar

¿Alguna vez sentiste que todos te miraban y no sabías por qué era? Pensaste en mocos, en ojeras, en monos, pero nunca, nunca, nunca que era porque estabas linda. No, nunca se está linda para ir a la verdulería. Entonces todo cierra. Todos te ven porque seguramente había una cámara oculta en el telo y te filmaron y ahora sos una estrella porno...
¿Cómo voy a explicar esto?
"No, mamá y papá, no soy yo, se los juro, yo no tengo ese lunar" o "¿Vieron qué bien que salí? Y eso que la cámara engorda cinco kilos".

Educación.

Cuando era chiquitita mi mamá me regaló montones de muñecas, escobas y palitas y hasta una cocinita de lata súper bonita; mi mamá me quería educar con juegos para ser una buena esposa. Pero a mi hermano le regalaban juegos de Family y Sega, muñecos de Los Caballeros del Zodíaco, pelotas de fútbol; pero nunca nada para que aprendiera jugando a ser un buen esposo.
Por una extraña razón mi papá tiró la cocina de lata cuando, jugando a que cocinaba, me corté el dedo; barrió muchas veces la casa con la escoba que no era de juguete y también me regaló una pelota de básquet. No sé si fue tan extraña la razón, creo que mi papá tuvo miedo a que yo me educara correctamente y pudiera conseguir marido y abandonarlo para siempre, así que decidió sacarme mi material de estudio, como la cocina y la mugre del piso, y darme un objeto puramente lúdico, como la pelota de básquet (él siempre supo que mi amor por ese deporte iba a durar lo que dura el amor, nada). Me sentía feliz como una adolescente de dieciséis años que le regalan las tetas… Creía que todo eso era bueno para mí, creía que mi falta de estudio me daba libertad, pero me equivoqué porque a la larga me di cuenta de que todo eso me hace mucha falta.

domingo, 24 de julio de 2011

Una nota en el cuaderno

Acabo de encontrar una nota que escribí hace muchísimo en un cuaderno en la parada de colectivo, que dice: "(...) Caminando pensé que podría invitar al hippie el sábado o el domingo a cenar en mi casa, porque voy a estar sola y como yo vivo en una casa, a diferencia de él, tengo los servicios básicos en orden (luz, gas, teléfono, cable y wifi). Pero imaginé que él no iba a poder, o iba a venir a comer y después se iba a ir, o que me iba a dejar plantada. Estoy tan enojada que ahora no lo quiero invitar. Estoy furiosa porque me dejó en banda en mi cabeza. ¡Mierda!"
Y al terminar de leerlo no siento nada más que vergüenza y pena de mí misma.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Carta a mi queridísimo Papá Noel.

Queridísimo Papá Noel: Quiero regalos de verdad, no quiero un celular Motorola C115 o un sony T290 (2009)
Tampoco quiero que me des un "operando" en lugar del "twister" como hiciste en 1998; ni que me des un tiburón inflable en lugar del bote (1997), durante tres años seguidos te pedí el bote; tampoco quiero una impresora cuando lo que necesitaba era una computadora (2005); ni quiero una carta que diga que se te cayeron los regalos en Caballito y que te disculpe (2003); ni quiero otro Family Game porque te olvidaste que nos lo habías dado el año anterior (1993 - 1994)... aunque ahora que no tengo family pero sí muchos jueguitos podrías mandarme otro; ni quiero regalo compartido con mi hermano, no es de egoísta, pero recordá cómo terminó ese equipito de música donde él ponía Metallica y yo Bandana, está bien, yo me mandé la cagada de poner cosas pedorras, pero bueno, yo era una niña tan frágil allá, por el 2001...
En fin, este año quiero un novio, quiero un trabajo, quiero una vida, y por favor no traigas chicos a la familia, suficiente trabajo tengo cuidando a la tortuga.

Con cariño y respeto,
Juli


¡Esa motito me vendría joya! También quiero eso.